Fan fics·Obra·Retos LiterUp 2017

Reto 3. Dulces pesadillas

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La noche cubría con su oscura manta la ciudad de Townsville, con las brillantes estrellas acompañando a la luna. El viento mece las ramas de los árboles, silbando entre ellas de manera relajante. Pero no todo el mundo dormía tranquilo, dejándose llevar por las nanas del viento.

La noche cubría con su oscura manta la ciudad de Townsville, con las brillantes estrellas acompañando a la luna. El viento mece las ramas de los árboles, silbando entre ellas de manera relajante. Pero no todo el mundo dormía tranquilo, dejándose llevar por las nanas del viento.

En la casa Utonium alguien se mantenía despierto, alguien gimoteaba bajo las mantas mientras abrazaba con fuerza unos cuantos peluches.

— ¿Blossom? —preguntó al sentir el crujir de la madera.

—Duerme, Bubbles. Todo está bien.

Bubbles tiró más de las mantas y cubrió su rostro con Octi, el pulpo purpura, su peluche favorito. El crujido volvió a sonar, y junto a él los arañazos de las ramas contra la ventana.

—Buttercup…

— ¡Deja de lloriquear de una vez! —exclamaba su hermana, ocultando la cabeza bajo la almohada.

Gimoteó de nuevo y dirigió una mirada cautelosa hacia la ventana. Las ramas se le antojaban enormes garras, con uñas muy largas y afiladas. Una risa, cruel y aguda, sonaba cerca de ella, seguido de un suave tintineo  y el crujir de la madera de nuevo.

— ¿Quién anda ahí? —preguntó susurrando, con un agudo tono de voz.

Sus enormes ojos azules destellaban, se llenaban de lágrimas, sin dejar de buscar a la criatura que tanto miedo le estaba provocando.

Tres noches le atormentó aquel miedo, tres noches de angustia en las que el temor aumentaba.

***

Aquella mañana la pequeña les contaba a sus hermanas el miedo que estaba pasando, como aquellas ramas le habían parecido las manos de un monstruo y como aquellos sonidos le habían hecho temblar.

— ¡Era una maldita rama! —Gritó Buttercup alzando las manos y poniendo los ojos en blanco—.Mira que eres llorica… ¡Si nos enfrentamos a monstruos cada día!

—Lo que Buttercup quiere decir es que tu imaginación te juega malas pasadas —dijo Blossom, lanzando una mirada llena de replica a la morena —. Te enfrentas a cosas temibles cada día, deberías poder con esas ilusiones.

La pequeña Bubbles observó a sus hermanas y luego, cruzada de brazos, infló los mofletes.

El profesor le acarició la cabeza a  la niña y le dedicó una  enternecedora sonrisa; había comprado un aparato que la ayudaría por la noche, una pequeña luz roja para que las noches no le resultasen tan oscuras.

— ¡Gracias profesor!—exclamó la niña, abrazando a su padre.

***

Esa noche, Bubbles se metió en la cama con una sonrisa surcando sus labios. Por fin iba a poder descansar, por fin se libraría de las pesadillas. Cogió a Octi, se arrebujó bajo las mantas y  cerró los ojos al notar el beso del profesor sobre su frente.

—Buenas noches, niñas.

Encendió la luz roja y arrimó la puerta antes de desaparecer tras esta.

La luz roja iluminaba suavemente, sin molestar, pero sin permitir que la oscuridad fuera total. Bubbles abrió un ojo para contemplar la luz durante un segundo, dejó extenderse una sonrisa y volvió a cerrar los ojos.

Crujido. Risa aguda. Los sonidos volvieron a sonar. Bubbles abrió los ojos de golpe, buscando a su alrededor.

—Blossom, Buttercup…

Ambas hermanas gruñeron, tapándose todavía más. Unas sombras se alzaron desde las luces hasta el techo, con una forma siniestra casi indescriptible. Las sombras fueron tomando forma hasta mostrar unas enormes alas rotas.

— ¿Qué es…?

— ¡Cierra el pico!—gritó Buttercup tras un gruñido.

Bubbles tragó saliva y siguió mirando hacia la luz.

***

Cuatro noches iban ya, siendo la cuarta la peor. Bubbles estaba cansada y los párpados le pesaban.  No era capaz de concentrarse en las clases de la señorita Keane, le costaba mantenerse recta en la silla, lo único que podía hacer era dibujar.

El teléfono de las Powerpuff Girls sonó, los Rowdyruff Boys hacían de las suyas de nuevo. Edificios destruidos, coches estallando, el asfalto levantado… Y los ciudadanos siendo atormentados.

Las chicas volaron, con Bubbles rezagada y bostezando, hasta donde los chicos humillaban a unos ancianos, sin dejar de reír en ningún momento.

— ¿Habéis visto que careto? —Se burló Brick, señalando a Bubbles con la cabeza —. Estás más horrible que nunca.

— ¡Yo no soy horrible! —Exclamó la rubita, con las mejillas enrojecidas, mientras los otros dos chicos reían la gracia de su hermano.

—Ignórales, Bubbles. Sabes que disfrutan molestándonos —. Blosson acariciaba la espalda de su hermana.

Buttercup estaba deseando empezar a pelear, dejar las conversaciones.  Apretaba los puños y miraba con rabia a los otros tres, pero al mismo tiempo con entusiasmo. Blossom reía al ver la emoción que tenía su hermana.

— ¡Está tan roja como…! —Empezaba a exclamar Boomer, antes de que Brick y Butch le golpeasen a la vez.

—Calla y empecemos a pelear —. Butch sonreía de oreja a oreja, con los ojos tremendamente abiertos, y se movía de un lado a otro con frenesí.

Y la pelea comenzó. Las tres chicas luchaban con fuerza, pero Bubbles notaba los efectos de las cuatro malas noches. Sufría las bromas, sufría golpes, incluso recibía las asquerosas costras y los escupitajos. Sus hermanas le miraban con preocupación y trataban de ayudarla, por lo que también recibían. Bubbles trató de superar su cansancio y se enfrentó con más ganas, como pudo se concentró en las ordenes de Blossom, en cumplir con sus estrategias.

— ¿Asustada, nenita? —preguntó Boomer, con sorna en la voz y en la sonrisa.

Bubbles trató de ignorarle y golpeó contra él. La pelea estaba siendo dura, pero poco a poco se iban sobreponiendo, superando los obstáculos y superando los golpes.

***

Las noches pasaron y las cosas que Bubbles veía cada vez eran más extrañas. Las alas volvían a surgir en la luz, todas las noches, a veces moviéndose y otras quietas; pero las acompañaban otras imágenes. Gélidas y monstruosas sonrisas de dientes puntiagudos; enormes garras que no tenían nada que ver con las ramas;  ojos negros que la observaban desde la luz; pequeñas criaturas que correteaban frente a la luz… Y los sonidos también aumentaban. La risa y los crujidos eran acompañados de otras risas, algunas más graves, otras también agudas;  también les acompañaban golpes y chillidos; sonidos metálicos siendo arrastrados por el suelo; fuertes estruendos, incluso música que subía y bajaba… Pero sus hermanas seguían sin percatarse de nada, todo era asociado con su gran imaginación.

Y así pasaron cinco noches más, dificultando sus enfrentamientos con monstruos y villanos. Los Rowdyruff, entre ellos, bastantes veces estuvieron a punto de derrotarlas de nuevo, de destruirles.

—Menos mal que tenemos tus planes, Blossom. Eres muy lista—decía con tono cansado —. Menos mal que diste ese golpe, Buttercup. Eres tan fuerte…

Y sus hermanas, aceptando los cumplidos, la miraban con una preocupación alarmante.

Y de pronto, la preocupación aumentó.

—Me siento inútil… —Bubbles conversaba con la nada —. Sí, lo sé. Pero no puedo evitar pensar que les estoy fallando —. Y bostezaba, con los ojos medio cerrados.

Blossom y Buttercup se sentaron a ambos lados de su hermana.

— ¿Con quién hablas? —preguntó Buttercup, mordiéndose el labio con nerviosismo— ¿Estás bien? Si he hecho algo que te haya hecho estar mal…

—No nos fallas, Bubbles —comentó Blossom con tristeza en la voz —. Nunca nos fallarías. Te queremos.

Ambas abrazaron a Bubbles, que sonreía de forma distraída.

—Estoy bien, solo tengo una nueva amiga.

Buttercup y Blossom intercambiaron miradas.

— ¡Es imaginaria, bobas!—exclamó, ampliando su sonrisa —. Se llama Dada.

La amiga de Bubbles era una pequeña hada, de vestimentas doradas y piel oscura, con grandes ojos verdes y cabello rojo. Tenía las orejas puntiagudas, con pequeñas escamas rojizas y las uñas negras. Sus alas eran largas y traslucidas, con un ligero tono verde.

***

En otro lugar, en el observatorio en lo alto de un volcán, un chimpancé disfrutaba de la visión de unas atormentadas Powerpuff Girls a través de  cientos de monitores. Reía entre dientes, mientras pelaba un plátano, sentado cómodamente en un sillón.

—Soy el rey del mal, el más malo entre los malos. Soy el villano más grande, el más vil, el más desalmado… Y yo, el más malo entre los malos, el rey de la maldad, seré quien acabe con las Powerpuff Girls; yo las derrotaré, las destruiré…Seré su final. —Era su discurso— ¡Yo, Mojo Jojo!

Los monstruos, las criaturas de la noche, que normalmente servían al hombre del saco, ahora le estaban sirviendo a él y aumentando el temor de la más asustadiza de las Powerpuff Girls. Algunos eran más difíciles de controlar que otros, pero todos acababan sucumbiendo ante él.

Un aplauso atrajo su atención. Apoyado en el sillón, con una amplia sonrisa surcando sus maquillados labios, se encontraba Him. En sus ojos se podía ver la amenaza, el desprecio.

—Es curioso que me arrebates el título de rey, al tiempo que atacas a las niñas con algo que me has arrebatado a mí.

Mojo dio un salto, abandonando el sillón.

—Bien, mono. —Him giró en torno al sillón y se acomodó con un gesto dramático, llevando ambas manos a la cabeza —.Tu plan no es malo, lo he estado observando, y viendo que está funcionando, quiero participar.

—Claro, ¿Cómo no? —inquirió Mojo alzando la vista —.Mojo triunfa y vienen los buitres a quedarse con su mérito.

Him miraba a Mojo, con una ceja alzada.

— ¡Tú mérito! No me hagas reír, no iba a funcionar sin la piedra que me has robado.

—A la cual tú no estabas sabiendo dar uso.

Y así comenzó una discusión de tantas, una discusión contemplada con diversión por aquellos a quienes ambos consideraban hijos, los Rowdyruff Boys.

***

Esa noche, Bubbles logró dormir tras charlar con el hada. Empezó a relajarse y a disfrutar de su descanso, pero sus hermanas sin embargo se removían intranquilas, luchando contra las mantas entre sollozos. Horribles pesadillas las atormentaban, mientras Bubbles sonreía al encontrar cierto descanso. Hasta que el reloj marcó  las dos de la madrugada.

Cadenas, crujidos, risas, alboroto… Bubbles abrió los ojos, pero no se permitió moverse. Algo la observaba desde detrás, algo que respiraba pesadamente y reía entre dientes. Contuvo la respiración y trató de evitar el llano. ¿Qué pasaría si se movía? ¿Qué encontraría si se daba la vuelta?

—Dulce niña, sé que no duermes. —Era un sonido frío y con eco —. Vamos, ven conmigo a la fiesta y… —Acercó su rostro a su pequeña cabeza —.Deja que te devoremos.

Bubbles metió un pequeño salto y dejó escapar un par de lágrimas. Y entonces cayó en la cuenta.

— ¿Y mis hermanas?

—Con el profesor —contestó otra voz.

— ¿Y el profesor? —preguntó tras tragar saliva.

—En un grave aprieto —respondió una voz distinta, mientras varias risas se alzaban en el cuarto — ¡Para siempre, en la oscuridad!

Bubbles, asustada y angustiada por lo que aquellas criaturas le decían, echó a volar lejos de allí.

***

La ciudad estaba completamente a oscuras, ni una farola que iluminara las calles, y ni un alma las transitaba. Bubbles se encontraba sola y atemorizada. Pensó en ir al bosque, tal vez con los animales se sintiera cómoda,  pero estaba tan oscuro… Y era el sitio idóneo para que se escondieran monstruos.

—No quiero estar sola —gimoteó, llevando ambas manos a la cara.

—No estás sola, Bubbles. —Dada apareció frente a ella, sonriendo de oreja a oreja— .Me tienes a mí.

Bubbles apartó las manos y dedicó una tímida sonrisa a su amiga imaginaria.

—Que bien que pueda contar contigo… ¿Crees que puedes ayudarme a encontrar a mi familia?

Dada llevó un dedo a la barbilla, ladeando su pequeña cabeza, y volvió a sonreír.

— ¿No son las que vienen por ahí? —Su largo dedo apuntó a unas sombras que emergían de entre unos edificios.

Bubbles dirigió sus asustados ojitos hacia las sombras. Efectivamente, las sombras resultaron ser Blossom y Buttercup.  La pequeña superheroina sonrió, con los ojos brillantes y lagrimas recorriéndole las mejillas.

— ¡Chicas! —gritó antes de echar a volar hacia ellas.

Pero Bubbles tuvo que frenar su entusiasmo. Sus hermanas  no eran como siempre. Un aura oscura las rodeaba; su piel tenía un tono rojizo y sus ojos la desgarraban con una mirada de desprecio. Bubbles las contempló, retrocediendo al ver que se le acercaban. Echó a volar, lo más rápido que pudo, pero Buttercup era la más rápida de las tres, no sabía cuánto tiempo tendría ventaja.

—Creo que escapar no va a servir de nada, ella es más veloz. — Dada volaba, con tranquilidad, a su lado.

Bubbles miró a su amiga, y al distraerse se golpeó contra una farola. Cayó al suelo y pronto vio a sus hermanas junto a ella. Parecía que eran ellas, las de siempre, mirándole con una sonrisa.

— ¿Estás bien, Bubbs? —Blossom se agachaba a su lado y le acariciaba la mejilla.

—No seas miedica —dijo Buttercup, agachándose también y dándole una palmada en la espalda.

Bubbles dejó que una sonrisa surcase sus labios y se alzase hasta sus ojos. Eran sus hermanas, tal vez lo que había visto solo era fruto de su miedo.

Y la mejilla comenzó a dolerle. Las uñas de Blossom se clavaban en su piel, mientras los rostros de sus hermanas volvían a tomar tintes oscuros.

No quería hacerles daño, pero no le quedaba otra opción. Si quería liberarse tendría que enfrentarse a ellas. Usó el ultrasónico para atontarlas, les golpeó a la una contra la otra, y echó a volar.

—Esas no eran mis hermanas…

—Claro que lo eran,  ¿Quiénes iban a ser si no?—Dada le observaba con los ojos muy abiertos y expresión de sorpresa.

¿Quiénes eran si no sus hermanas? Podrían ser ellas controladas por alguien, no sería la primera vez que Him ejercía su voluntad sobre las mentes de la gente, pero no, no era eso. La intuición de Bubbles le decía que su familia estaba en algún sitio, escondida, atrapada…

— ¡Tengo que encontrarles!

Revisó en la guarida de Fuzzy, en la de los mohosos, en las zonas que solía frecuentar Sedusa, en la mansión de Princess… Pero allí solo encontró a criaturas oscuras que la atormentaron.

Alcanzó otra dimensión, el hogar de Him. Si esas criaturas podían haber sido creadas por él, por mucho miedo que sintiese, debía comprobar si su familia estaba allí.

— ¿Y qué harás si Him te atrapa?

— ¡Le daré una paliza! —exclamó Bubbles, con voz ligeramente temblorosa.

Revisó cada rincón, esperando que Him no apareciese y su familia sí. La risa de Him sonó en la distancia, estaba llegando a su hogar y regodeándose de cuanto estaban logrando. Bubbles, agitada, miró a todos lados.

—Esta vez las Powerpuff no tendrán escapatoria —.Decía Him mientras se tumbaba en un sillón y encendía la televisión.

Bubbles se había escondido en un armario, lleno de boas rojas  y medias de rejilla. Cogió una de las boas y se la puso sobre los hombros, conteniendo la risa al recordar como Buttercup había hecho una imitación de Him en el pasado.

— ¿Qué os parece lo asustada que está vuestra hermanita? —Al oír la pregunta de Him, Bubbles decidió mirar por el hueco de la puerta.

Junto a Him surgieron sus hermanas, envueltas por humo rojo a modo de cadenas, totalmente inconscientes.

—Y vosotras aquí, sin poder hacer nada. Esa mocosa no logrará salvar Townsville ella sola.

Bubbles frunció el ceño y apretó los dientes. Iba a salir, enfrentarse a él, pero Him recibió una llamada que le hizo abandonar su hogar.  Salió del armario y se acercó a sus hermanas.

— ¿Y qué vas a hacer ahora? —preguntó Dada —. Los poderes de Him no son fáciles de eliminar.

—A no ser… Que se le venza —. Bubbles sonrió y miró a su hermana Blossom —. Yo también me doy cuenta de las cosas.

***

— ¡¿Cómo que no sabes dónde está Utonium, mono idiota?! —gritaba Him, encolerizado.

—Estaba frente a mí, y de pronto ya no estaba —.Contestó Mojo — ¡Y no me llames idiota! ¡Este plan ha sido mío, tú te has limitado a añadir miedo a esa boba!

Bubbles abrió un agujero con sus láseres en el techo del observatorio, dejando que el trozo restante cayera donde esos dos discutían. Him desapareció, evitando el golpe, pero Mojo Jojo quedó atrapado y tardó unos minutos en liberarse. Him, que no hubiera esperado tanto valor por parte de la pequeña,  recibía un golpe tras otro, mientras esquivaba algún pequeño ataque.

Mojo Jojo, aprovechando que estaba concentrada con Him, se dirigió hacia la armería. Estaba ya abriendo la puerta cuando un laser le alcanzó y un rayo le fulminó. Bubbles había logrado dirigir sus ataques también al mono, aunque ahora tenía más dificultades para enfrentarse a Him.

Him lanzó a Bubbles contra una pared, dándole la oportunidad a Mojo de entrar en la armería y salir envuelto en un traje mecánico. Los dos villanos empezaron a cooperar, usando ataques que se complementaban. Las risas de ambos villanos envolvían la escena, pero Bubbles no permitiría que ganasen.

—Esto está chupado…  —Decían ambos, con enormes sonrisas surcando sus labios.

—Es la más débil y boba de las tres —añadía Mojo Jojo —. La más débil y menos inteligente no podrá derrotarnos, no podrá vencer…

Y  de pronto los ataques les golpearon a ellos. Bubbles se había hecho con un par de baldosas y las había utilizado para desviar los golpes.

— ¡¿Quién es la boba, eh?!

Llena de rabia, por el menosprecio,  Bubbles golpeó una vez tras otra a los dos villanos, hasta que estos ya no pudieron seguir atacándole. Him y Mojo habían sido derrotados, pero la oscuridad seguía cerniéndose sobre Townsville y el terror aun la paralizaba.

— ¿Qué ha salido mal?

—Tal vez no has derrotado al villano adecuado —respondió Dada, mirando por la ventana.

—Pero, ellos tenían a mis hermanas y…el profesor… ¿Dónde está el profesor?

Dada sonreía, viendo como las criaturas seguían atormentando Townsville. La gente estaba apareciendo por fin, pero para sufrir, para gritar y para pasar miedo.  Dada cerró los ojos e inspiró hondo.

—Bendito terror, grandioso alimento…

Bubbles miró hacia su amiga, ladeando la cabeza, y de pronto se vio atemorizada de nuevo. El hada comenzó a crecer, su sonrisa se volvió como la de las sombras y sus alas se rompieron de una forma horrible. El hada reía, de forma aguda y fría.

— ¡Tú! ¡Has estado asustándome!

El hada rió todavía más.

—Ese mono creía que me controlaba, que ingenuo.

Y agarró a Bubbles con ambas manos, apretujándola hasta que no respiraba. Bubbles creía estar perdida, que ya no podría hacer nada. Pero de pronto su prisión se aflojó y ella casi cae al suelo, logrando volar en el último momento. Unas luces rosa y verde se agitaban alrededor de la enorme criatura, que reía mientras las apartaba de la cara.

—Sois solo un par de moscas, mientras todo el mundo tenga miedo no podréis derrotarme. —Y dedicó su tétrica sonrisa a Bubbles —. Y esa mocosa es la mejor fuente de alimento.

Bubbles observaba la escena. ¿Cómo iban a vencerla si se alimentaba de miedo y todo el mundo estaba asustada? ¿Qué podría hacer? Y su rostro se iluminó.

Salió por la ventana, mientras sus hermanas retenían a Dada, y colocó velas por todo Townsville, de manera que las luces crearan un efecto agradable y relajante.  Fue a su casa y cogió todos sus peluches, entregando uno a uno a cada ciudadano de Townsville. Cuando sus peluches se acabaron usó los de otros niños; luego junto a los asustados animales con humanos para que intercambiaran afecto y se calmasen.

Pero eso no era suficiente. Se cruzó de brazos y  volvió a sonreír. Si ella era la mayor fuente, solo tendría que hacer lo que en su momento había hecho con Him: afrontar sus miedos.

— ¡Encontraré y salvaré al profesor! —exclamó, buscando la zona más terrorífica de Townsville.

Y en la zona más oscura, con más monstruos, estaba el profesor. El profesor estaba asustado, criaturas le atacaban, la ciencia no funcionaba y sus nenas estaban en el suelo, sin color y sin fuerzas. Las había perdido.

— ¡Profesor, reaccione! —gritó Bubbles, mientras golpeaba a monstruos aterradores y trataba de no echarse a llorar — ¡Nosotras estamos bien, pero le necesitamos!

El profesor parecía estar buscando su voz, pero no la veía. Solo veía a las tres niñas muertas, solo veía como no conseguía salvar a sus pequeñas. Bubbles logró alcanzarlo y colarse entre sus brazos, estrechándole con fuerza entre los suyos.

—Profesor, estamos bien. Estamos bien, profesor.

Utonium acarició el pelo de la niña, dejando escapar un par de lágrimas de alivio.

***

— ¡No! —gritó el hada, mientras su cuerpo empequeñecía.

Las dos hermanas se miraron, con una sonrisa triunfante, orgullosas de Bubbles. Pronto estaba la familia reunida, observando al hada que Buttercup no dejaba escapar.

— ¿Qué hacemos con ella? —preguntó Blossom.

—Voto por aplastarla —respondió Buttercup.

— ¿Y si permitimos a Bubbles decidirlo?—El profesor acariciaba con ternura a la pequeña.

Bubbles observó, reflexiva, a la criatura.

—Aplastarla sería cruel —dijo, aun pensativa, y luego dirigió su mirada hacia el profesor — ¿Habría alguna forma de encerrarla?

—Algo se me ocurrirá.

***

El hada fue confinada a un recipiente creado por el profesor, y dicho recipiente encerrado en una cámara de seguridad. La familia disfrutó del tiempo juntos, relajándose mientras no hubiera delitos que detener.

¿Pero lograría el tarro detener para siempre a esa criatura? No, no fue así.

—Gracias por liberarme— el hada sonrió con afecto a su salvador—, gran hombre del saco.

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