El corazón envenenado

En algún lugar, donde el tiempo se había parado y el dolor había usurpado el trono, bajo un oscuro cielo y sobre una tierra de hierba seca, se encontraba un corazón, triste y solitario, con pequeñas grietas cubriendo su roja piel. De las grietas del corazón surgía, lentamente, un líquido negro y grumoso. El pequeño corazón estaba tumbado sobre la punzante y muerta hierba, esperando que el tiempo avanzase y que el dolor acabase con la tortura a la que sometía aquel lugar. Esperando que aquel líquido que supuraba cubriese por completo su piel y diese fin a toda su angustia. ¿Qué pasaría una vez aquel veneno se apoderase por completo de él? ¿Moriría o tal vez se convertiría en otra cosa? ¿Le dolería eso en lo que fuera a convertirse? ¿Tendría escapatoria? El corazón guardaba un poco de esperanza, esperanza en que cuando el tiempo despertase las cosas fueran a ir a mejor, pero mientras el tiempo no avanzaba sentía esa angustia eterna, y poco a poco iba perdiendo las fuerzas.

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