Feminismo·Reflexiones

STOP PRÍNCIPE AZUL. Somos guerreras, somos nuestras propias salvadoras.

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Imagen hecha por Michyo a partir de un dibujo mío

Desde pequeñas nos han inculcado el cuento del príncipe azul. Ese hombre que llegará a donde sufrimos nuestra maldición, que nos salvará de horribles monstruos y  mujeres, amargadas, que nos envidian y debemos tener como enemigas. Ese hombre perfecto que nos amará, a pesar de que nosotras no somos merecedoras de tanto, pero por el que deberemos esforzarnos y complacerle (o huirá).

Del cuento hay varias versiones. Unas nos dicen que todas tenemos un príncipe esperando, alguien que luchará nuestras batallas, y otras nos dicen que solo las elegidas encontrarán los verdaderos príncipes, aquellas que sean perfectas y puras (asociando, claro está, la pureza a la sumisión y la falta de actividad sexual).

¡CARAY! Cuantos cuentos en uno solo… Nuestras batallas deberíamos llevarlas nosotras, no digo que no podamos recibir ayuda, pero de ahí a depender totalmente de alguien, a darle el protagonismo, hay un trecho; y esto pasa en el feminismo, donde los hombres odian el término aliado y quieren llevar la voz cantante, incluso queriendo darnos lecciones. La maldición no es otra que el patriarcado, los monstruos son los machistas que nos quieren sumisas (o muertas) y las mujeres, esas que nos venden como la bruja mala y amargada, la envidiosa, son tan víctimas como nosotras. Sí, claro que nos encontraremos mujeres malas o que nos deseen mal, las mujeres no somos todo pureza y bondad. Nosotras también   tenemos derecho a ser humanas, a equivocarnos o hacer cosas mal (a veces con motivos y otras sin ellos), derecho a ser la villana. Pero sacaros de la cabeza el príncipe salvador y esa horrible bruja. No tenemos que depender de  ellos, ni porque odiarnos entre nosotras.

Ellos nos quieren enfrentadas, peleando, sobre todo si es por ellos, porque si nos juntamos seremos más fuertes, podremos romper las cadenas que nos oprimen y con ellas sus amados privilegios. Pero no debemos caer.

Somos hermanas, hermanas contra el heteropatriarcado. Hermanas unidas para seguir vivas, para ser supervivientes y ayudarnos, para luchar sin dejar a ninguna atrás. Debemos alzarnos y gritar: ¡Ni una menos! Debemos querernos vivas y luchando, contra todos los dragones y las bestias que el reino patriarcal nos eche encima.

Todas y cada una de nosotras. No importa nuestra raza, nuestra orientación sexual o el género que un médico nos haya dado. Todas somos hermanas y mucho más fuertes que ese príncipe azul con complejo de héroe. Somos más que esa princesa, esa damisela en apuros, que espera, dormida y sin abrir la boca,  a que él llegue y nos libere. Somos más que esos cuentos que quieren hacernos creer, somos más que los complejos que nos mantienen atadas.

No tenemos que ser perfectas, no tenemos que esforzarnos hasta el punto de perdernos, de darlo todo por ellos. Tenemos que ser nosotras mismas, libres y fuertes. Tenemos que querernos a nosotras antes que a ellos. Muchas ni siquiera los querréis, y eso está bien. Ellos no son el todo, ellos no tienen derecho a controlar nuestra vida, y nosotras no tenemos porque estar esperando a que nos quieran o nos salven.

Somos guerreras, somos nuestras propias salvadoras. Cambiemos el cuento, pongámosle punto final al que ellos nos venden.

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