Reseña: Sufragistas

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Mi insensatez me ha llevado a ver esta película, en un estado que no me ha permitido aguantar la intensidad de las emociones que esta me ha provocado. La ansiedad se hizo paso a través de mi durante toda la película, la rabia, la impotencia y el dolor; incluso llegué a temer por mi salud, pues me costaba respirar y el corazón, que me llegó a doler, me iba a cien… Se me da genial elegir los momentos para ver las cosas.

Pese a este dolor no me arrepiento de haberla visto, de haber podido ahondar un poco más en el pasado de nuestra lucha, de ver a nuestras hermanas de otra época en acción. Ha sido horrible ver como sufrían, cuanto tenían que luchar y como las humillaban, masacraban y dejaban como niñas histéricas -realmente no se aleja mucho de como se trata hoy día a una mujer que alza la voz más de lo que la sociedad considera conveniente-.

La película tiene un reparto que ha ayudado a que las emociones sean más intensas, que puedas empatizar más con las mujeres, las soldados que lucharon en esa guerra -que venga ahora un hombre a decirme que las mujeres no participamos en ninguna de la historia, eso era una maldita guerra y aun seguimos a pie de batalla-.

Maud Wats, la protagonista, nos muestra todo el proceso: la vemos conociendo el movimiento, profundizando en él, interesándose poco a poco y dándose cuenta de como afectaría a su vida. La vemos madurar y evolucionar, aprendiendo cada vez más y volviéndose más fuerte, más dura, sacando la luchadora que siempre llevó con ella.

Dentro de la película nos muestran a mujeres verdaderamente increíbles, guerreras que llevan y viven la lucha a su manera, que van aprendiendo como es el mundo, juntas, como hermanas, con sororidad. Vemos el miedo que el sistema les tiene, como quieren frenarlas y evitar que la prensa las conozca bien. Vemos como las mujeres ven el movimiento con malos ojos, asustadas y engañadas por los hombres que las rodean. Vemos como la ley les da la espalda, las humilla y les destroza la vida, como las tortura. Leyes tan absurdas como que los hijos pertenezcan a los padres, leyes tan absurdas que dejan el dinero de las mujeres a sus maridos, leyes tan absurdas que las convierten en objetos sin conciencia. Pero sobre todo vemos como ellas no se rinden, que no están dispuestas a aguantarlo. Las vemos, a través de esas maravillosas actrices, transmitiéndonos un mensaje, su apoyo, el ánimo para que sigamos sus pasos y no nos rindamos nunca. Las vemos pidiendo que no nos conformemos, que no creamos todo lo que nos dicen, ni dejemos que abusen de nosotras. Nos muestran como las han machacado, como han sufrido abusos y como han muerto por trabajos mal pagados, como a ningún hombre le ha importado eso. Y como, a pesar de todo, levantaron la cabeza y siguieron peleando, golpearon donde más dolía, hicieron tanto ruido como pudieron.

Es una película que casi acaba conmigo, pero que recomiendo encarecidamente. Aun estoy llorando, aun me cuesta respirar, y mientras escribo aumentan estas sensaciones, pero me alegro de haberla visto.

Cierro la reseña con una cita de la película:

Prefiero ser rebelde que esclava

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